Críticas y parodias
La obra tuvo una flojísima parodia en verso, como era común en la época: Yo puse una pica en Flandes, de Luis Gabaldón y Rafael de Santa Ana (1911).
Pero la gran crítica más inteligente del modernismo casticista en general y del teatro nacionalista en verso en particular es la de Ramón Pérez de Ayala en Troteras y danzaderas (1913). Es imprescindible leer esta novela y también el libro que le dedicó Andrés Amorós.
Unos años después, Pedro Muñoz Seca ironizó desde posiciones conservadoras sobre el teatro histórico maurista en La venganza de Don Mendo (1918):
Cubierta del libro de Pérez de Ayala:
